6 de marzo de 2015

EVOLUCIÓN Y DESTRUCCIÓN DE LAS SOCIEDAD DEMOCRÁTICAS EN COLOMBIA

(Antesala de las sociedades de ayuda mutua)

MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


Retomado la historia de las Asociaciones democráticas vemos como la evolución de estas organizaciones va de la mano con la lucha política de aquellos años, los artesanos, fuente de las democráticas, se oponían a la candidatura de Mosquera y al libre cambio de Florentino González

Hacia 1848, la Sociedad Democrática de Bogotá, apoya decididamente a José Hilario López para la presidencia. Su influencia fue decisiva, introduciéndolos, así fuera de manera precaria, en el sistema de gobierno. La reacción de los conservadores no se hace esperar y crean sus propias organizaciones  como la Sociedad Católica y la Sociedad Popular, dirigidas por los sacerdotes jesuitas. El trasfondo de estas entidades nuevas no era otro que el miedo, pues consideraban peligrosa, en la conformación de las sociedades democráticas, a la irrupción del socialismo en la política de la Nueva Granada, cualquier parecido con el presente no es coincidencia, siempre se ha visto a quienes piensas o pensamos de manera diferente al sistema establecido, al statu quo como un peligro, y se persigue a sus dirigentes.

Según los textos investigados José Hilario López entendió bien la importancia de las Sociedades democráticas como instrumento eficaz de su gobierno y por eso las defendió y propició su proliferación en todo el territorio nacional. Al punto de que de 1849 a 1852 se fundaron más de cuarenta Sociedades democráticas con distinta denominación. Prácticamente no hubo ninguna ciudad o pueblo que no tuviera su propia sociedad democrática.

Corría el año de 1850 y tanto en Bogotá, como en las provincias de creaban al píe de la Democráticas, imprentas y nuevos diarios que servían para la transmisión de las ideas revolucionarias de la época poniéndose a la cabeza de las organizaciones y sirviendo de modelo la Sociedad de Artesanos de Bogotá, (que para entonces contaba con cerca de 4.000 miembros), aparecieron sucesivamente llenas de actividad y entusiasmo y con personal numeroso en Cali, Popayán, Buga, Cartago, Medellín, Rionegro, Mompós, Cartagena, Santa Marta y Pamplona, y en casi todas las poblaciones importantes de la República.

El foco revolucionario estaba prendido y en las Democráticas participaban todo tipo de hombres y mujeres, a la vez que la participación en policía era cada vez más evidente con integración de hombres de estado, ancianos, jóvenes, mujeres, artesanos, sacerdotes y militares.

Quizá, más que causa de perturbaciones del orden público, los desórdenes que se atribuyen a las sociedades democráticas son meras manifestaciones de una afección peligrosa del orden social. “El derecho de reunión es una de las condiciones de la conservación de las libertades humanas y del buen funcionamiento de las leyes, y el legislador debe mirarse mucho al decretar restricciones contra él. Odiado y temido por los gobiernos despóticos fundados en la usurpación violenta y encaminados a expropiación constante del trabajo de los hombres, el derecho de reunión funciona en paz y con utilidad general en los países bien organizados”

El resultado de la exageración del espíritu de partido y el despotismo atacaron a las sociedades democráticas y lo que ellas representaban, se le atribuye esta situación o postura ideológica en parte por herencia del pueblo español, y de otro lado al “… furor de la larga y sangrienta lucha de la independencia que presidió a la formación de estas nacionalidades, ha quedado inoculado en nuestra sangre y en nuestros huesos; enfermedad que es un deber de las generaciones venideras combatir sin descanso”

“Enfermedad” patogenia heredada por los “dirigentes” del mutualismo que continúa en nuestros días con mayor odio e irracionalidad que entonces, ya lo trataremos en lo ocurrido con el mutualismo colombiano en los años 2005 en adelante.

Algunas medidas populista de los gobiernos posteriores ilusionaron a los artesanos quienes veían a su favor la constitución de un Estado proteccionista, y  “los decretos expedidos sobre préstamos forzosos o "derrames" para mantener el orden público y las obras sociales, fueron "la manzana de discordia" con los comerciantes importadores. Tal fue la reacción de los comerciantes al ver su negocio herido, que muchos de ellos se asilaron en la embajada americana para poner a buen recaudo sus capitales y así evitar el pago de los "derrames" (impuestos).

Sin embargo, ayer como hoy, se traiciona siempre a quienes han puesto todo en la lucha y el conflicto con los comerciantes, con el Liberalismo dejó los primeros tendidos en el campo, las Democráticas fueron sacrificadas poco a poco. Las relaciones de las Democráticas con el naciente partido Liberal (una mezcla de intereses de comerciantes, intelectuales, pequeña burguesía y burocracia, antibolivarianos de la vieja guardia de la Independencia y hasta terratenientes) y con los comerciantes sufrió grandes  transformaciones en los años de 1854 a 1870.

“Derrotada la revolución de 1854 era de presumir que las protestas y finalmente la insurrección contra el libre cambio terminaran. Sin embargo veinticuatro años después se presentan nuevos brotes en la ciudad de Bucaramanga, conocidos como "los acontecimientos del 7 y 8 de septiembre de 1879". Esta vez, los hechos fueron propiciados por miembros pertenecientes a la Sociedad Democrática "Culebra Pico de Oro" contra los socios del club de Soto o club de comercio de esa ciudad, en su mayoría comerciantes nacionales y extranjeros, principalmente alemanes”. No es del caso ahondar en lo ocurrido bástenos destacar que la lucha entre artesanos y comerciantes se vería ahondada cada día más.

Tanto en la provincia como en Bogotá, “la importación de artículos extranjeros, profundizó aún más la diferencia entre la situación económica y social de los comerciantes y los artesanos de esa ciudad. El libre cambio sólo mejoró la de unos pocos, mientras el resto de la población siguió en su misma condición de pobreza. La libertad económica con que nuestros románticos liberales del siglo XIX pretendieron solucionar nuestra penosa situación económica, no fue más que una "quimera". Los gólgotas y los que los siguieron, pensaron equivocadamente que con este sistema podían armonizar los intereses individuales con los de la sociedad entera, cuando la realidad demostraba exactamente lo contrario. Las actividades más provechosas para el individuo, eran y son las que menos contribuyen al desarrollo de la economía”

Se dice que los hechos acaecidos en Bucaramanga fueron las últimas manifestaciones de las sociedades democráticas de artesanos contra el libre cambio, ya que la Constitución de 1886 se encargó de enterrarlas definitivamente al ordenar (art.47) que "quedaban prohibidas las Juntas Políticas populares de carácter permanente" en clara alusión a las "Democráticas", únicas agrupaciones que tenían esas características.

Otros documentos indican que probablemente las Sociedades Democráticas fueron utilizadas por fuerzas políticas y económicas, como los comerciantes y aun los miembros del gobierno de entonces, o por lo menos, que, en sus comienzos, había entre unas y otras relaciones muy estrechas, las apoyaron mientras les servían y las exterminaron cuando ya no les interesaban.


Nada distinto ocurre hoy con la Economía Solidaria que es utilizada por los gobiernos de turno y los dirigentes mutualistas y cooperativistas, quienes se prestan a todo tipo de componendas y acomodamientos en contra de los intereses reales de un sector tan importante como es el de la Economía Solidaria.

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