20 de febrero de 2015

LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA

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MEMORIAS DEL MUTUALISMO COLOMBIANO
Cuarta etapa. EL MUTUALISMO COLOMBIANO
1. LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA
Autor. Fabio Alberto Cortés Guavita


EL MUTUALISMO COLOMBIANO.

“... pesa mucho la cultura de la insolidaridad, que propugna por el individualismo en la solución de los problemas; ha pesado mucho, la falta de un sistema educativo que forme, capacite e informe del proyecto histórico del mutualismo”. Pérez Valencia, Gonzalo. Mutualismo y Economía Social. Corporación Educativa Mutualista. Medellín, Colombia. 1991.

Estas palabras de Pérez Valencia cobran importancia sustantiva en el desarrollo de esta etapa, para entender por qué el mutualismo colombiano no ha contado con un desarrollado similar al de otros países de Latinoamérica “la insolidaridad” esencia del mutualismo colombiano, amén de no tener una dirigencia capaz de comprender el significado de la ayuda mutua como valor fundamental y los principios del anarquismo económico como el derrotero esencial de su acción.

De otro lado el no contar con un liderazgo real, apasionado, comprometido y solidario hacen que hoy en 2015 se pueda asegurar que el mutualismo colombiano no existe, solamente vestigios quedan gracias a unos cuatro quijotes que desde lo aislado de su entorno propugnan por mantener viva la idea mutualista, la esperanza de los pobres.

Dos ejes fundamentales se desarrollarán para sustentar lo anteriormente expuesto. De un lado la génesis, el origen, la simiente en organizaciones como las cofradías en los Siglos XVII a inicios del XIX y las Sociedad Democráticas a mediados del Siglo XIX y la llegada de las ideas libertarias de Proudhon y de los socialistas utópicos frente a las ideas concesionarias de los frailes que llegan con la Colonia.

De otro lado es necesario cuestionar la descontextualización hecha desde los pioneros hasta nuestros días, no sólo de la esencia de la doctrina mutualista, en su valor teórico-económico sino también de la falta de visión solidaria-empresarial.

1. LAS COFRADÍAS, SIMIENTE DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA

Si el pasado es un prólogo como dice Shakespeare, es necesario ver algunas de esas organizaciones que precedieron a las mutuales actuales, desde la perspectiva de sus objetivos y funciones de ayuda mutua, de su mutualidad y de sus elementos doctrinales.

En principio entendamos que La Colonia es la extensión imperial, social, política, religiosa y cultural que se estableció en América durante los siglos XVII e inicios del siglo XIX. Es decir, entre 1550 y 1810 y que se han denominado “época colonial” debido a la presencia y al dominio político por parte de los españoles en lo que actualmente comprende el territorio de Colombia.

En tales épocas y según el derecho canónico vigente, una cofradía era “Una reunión de determinado número de fieles para dedicarse en común al ejercicio de obras piadosas y de caridad... Las cofradías no pueden establecerse sin la competente autorización de los prelados en las diócesis en que están enclavadas.” 
Decretos emanados del  Concilio de Trento (Reunido entre los  años 1545 y el 1563) -que fue realizado en un marco de divisiones. Siendo Paulo III, el Papa que había vivido las luchas en Italia, quien asumió el compromiso de unificar a los católicos, logrando la reunión de un Concilio, después de que varios Papas lo hubieran intentado sin éxito. (Al principio fue admirador del humanista cristiano Erasmo de Rotterdam, y vio factible una posible reconciliación con los protestantes, pero luego acabó desechando esa posibilidad)- ordenaron que la elección de los dirigentes de la cofradía y la administración de sus finanzas debieran ser supervisadas por el párroco. 

“El establecimiento de las cofradías es un acto de jurisdicción episcopal, enteramente reservado al obispo, como el encargado del cuidado de las almas”. Por eso, los bienes de las cofradías aprobadas por el obispo se colocaban en la clase de bienes eclesiásticos y como tales inalienables sin las formalidades presuntas.   

Lo anterior muestra de manera taxativa la influencia de la religión católica en estas organizaciones a nivel mundial, específicamente en el caso de Colombia los requisitos exigidos en los pueblos de indios para entrar a una cofradía eran así mismo diferentes, entre ellos se tienen:

- Ser devotos del patrono de la cofradía.
- Corregirse en la mala vida.
- Dejar los vicios de borracheras y las supersticiones de hayo y tabaco.
- Celebrar con solemnidad las fiestas del santo patrono.
- Hacer procesiones alrededor de la plaza.
- Visitar a los enfermos.
- Recoger limosnas.
- Asistir a misa domingos y días de fiesta y rezar el rosario todos los días.
- Encargarse del entierro de los hermanos cofrades, y
- Pagar las cuotas fijas asignadas. (Casilimas y López, 1982: 181).

Cada miembro de la cofradía recibía una patente, un impreso que haría constar su pertenencia a la cofradía y las obligaciones y derechos que contraía: generalmente una misa y sepultura gratis a su muerte y la concesión de  indulgencias. Es interesante ver como desde sus orígenes este tipo de entidades tenía como objetivo la preocupación por sepultar a sus muertos.

El procedimiento para la creación de cofradías era el siguiente: indígenas, mestizos,  blancos o el cura doctrinero tenían la iniciativa de crear la cofradía (siempre requería la aprobación del cura para su creación) con una devoción especial a santos o vírgenes, se hacía una donación de dinero o animales para vender y pagar las misas en honor al santo patrono de la organización.

Las mutuales del Siglo XX y principios del XXI, continúan con algunas prácticas similares en cuanto a poder recibir las contribuciones no devolutivas, (costumbre hecha ley) en especie y el de tener en su gran mayoría nombres de santos y dedicarse casi con exclusividad al entierro de sus asociados y de orientar un servicio exequial prioritario en sus estatutos. 

Retomando, siempre era el cura quien daba su permiso para la creación de una cofradía; por lo general no lo negaba, por cuanto la devoción le representaba ingresos por el pago de misas y la fiesta anual que comprendía vísperas, procesión, sermón, misa y responso cantado. Así se ve siempre que a más de la forma religiosa había una situación vinculante de carácter económico, pero a favor del cura párroco y no de sus asociados.

De otro lado se ayuda a la congregación de las gentes para su evangelización o por lo menos para su ritualización. Se procedía, entonces, a nombrar un “mayordomo”, que podía ser el mismo donante y un “concertado”, para el cuidado y pastoreo de las ovejas. Esto era suficiente para constituirse en “devoción”. Si con el paso del tiempo, la “devoción” se transformaba en “adelantamiento”, pasaba a ser “hermandad”. Estas “categorías” se medían por el aumento de devotos; la obtención de la imagen, si era de bulto y grande, otorgaba más prestancia; cantidad de animales (ovejas, vacas, yeguas, etc.) y de ornamentos, especialmente alhajas que tuviese el santo; número de misas que se dijesen en su honor y vistosidad en la fiesta de aniversario.

Ahora bien, en el mundo existieron diversas formas de cofradía de acuerdo con su objetivo principal a más de lo anteriormente descrito como eje central, al decir de Pere Saborit Bandenes en su obra “Estudio de las cofradías del Alto Palancia”

GREMIALES que agrupaba a los integrantes de un gremio especifico y desarrollaban funciones de beneficio y asistencialismo entre integrantes de un mismo oficio. El santo es el patrón del gremio.

SACRAMENTALES. Cofradías de ayuda muta en la vida cristiana, muy promocionadas después del concilio de Trento.

CARITATIVAS. Los historiógrafos franceses las llaman charités. Su objetivo central es el auxilio mutuo entre cofrades y la dedicación a la caridad cristiana como la ayuda a los pobres vergonzantes, casar doncellas, auxilio en enfermedad sufragios y entierros, algunas regentaban hospitales.

Es definitivamente claro el origen de la mutualidad en organizaciones de la comunidad dedicadas a la caridad como norma y al entierro de sus semejantes como objetivo central, no en vano la primera mutual creada ya bajo los parámetros de la sociedad moderna con personería jurídica tomo el nombre de CARIDAD y no debe ser extraño entonces a ese arraigado sentido de caridad que por siglos han tenido las organizaciones mutuales en Colombia. Calificativos como caridad, ayuda mutua, beneficio, asistencialismo y otros no son ajenos desde su origen a las mutuales del mundo actual.

Obvio entenderlo en las épocas de colonia y siguientes pero absurdo desde la perspectiva del mundo de hoy en el cual es de una necesidad incuestionable la supervivencia. Hoy se debe tener criterio empresarial y que la caridad bien pueda ser un primer momento de la solidaridad, de la ayuda mutua, pero solo eso, un primer instante en el cual se da la mano, la ayuda para iniciar un proceso, ya de capacitación, ya de emprendimiento y luego debe llegar carácter perentorio el desarrollo de organizaciones autosostenibles y autogestionadas.

No puede desconocer la historia el origen de esta entidades como el incio de las formas organizacionales con las cuales  se da un primer paso a lo que hoyr cnocemos como Asociacines Mutualistas.

Un gran número de cofradías se crearon en la Nueva Granada, como una táctica de los misoneros para el adoctrinamiento cristiano. Es por el año 1510 a 1520 que se crea la primera cogradía en tienrra firme, en la primera ciudad Santa María la Antigua del Darien,en lo que hoy en día es el golfo del Darien en el Departamento del Chocó. Según lo rrelata la obra editada por Humberto triana en Bogotá 1987[1]
                                                                                                                 
Años más tarde, hacia 1530. Se funda en Santafe de Bogotá La segunda, la cofradía de la Vera-Cruz  que funcinaba en lo que hoy es el Parque Santander en Bogotá. Vale la pena comentar algo poco conocido, el primer nombre de la ciudad e Bogotá, fue Nuestra Señora de la Esperanza, como originalmente la llamó Jiménez de Quesada, quien, -a pesar de ser letrado a diferencia de los demás conquistadores-, desconocía los procedimientos para la fundación de ciudades, por lo que en abril de 1539, se legalizó la fundación, con la ayuda de Federmán y Belalcazar, y se renombró al territorio como Santafé.

Durante la colonia sus habitantes la hicieron distinguir de las demás ciudades de igual nombre, llamándola Santafé de Bogotá, nombre que viene del chibcha Bacatá, que traduce fin de los campos, territorio muisca en el que gobernaba el Zipa. En esta delimitación estaba incluido nuestro actual territorio, en el que, en tiempos indígenas, habitaba un caserío conocido como Teusaquillo, donde se dice que se encuentra hoy la Plaza de Bolívar.

En los años siguientes[2] se crearon 9 cofradías en Vélez, Santander, entre otras Nuestra Señora de Monguí, (años más tarde una mutual de Bogotá tomaría ese nombre) Las Almas del Purgatorio y otras más de igual condición, tornando a Santafé de Bogotá se crean y se registran oficialmente otras nueva cofradías, destacando entre ellas la Vera-Cruz, nuestra Señora del Rosario, Santísimo Sacramento, Milicia Angélica, escuela de Cristo y otras más.

Resumiendo, de acuerdo con la obra de Oriester Abarca Hernández y Jorge Bartels Villanueva[3] Las cofradías cumplieron en la Colonia y hasta la primera mitad del siglo XIX un papel no sólo religioso sino también económico al poseer tierras y actuar como entidades financieras. Las personas ligadas a las operaciones económicas de las cofradías eran los miembros de la élite local, quienes formaban una red social.

Junto al capital manejado por la Iglesia y sus instituciones (cofradías, y diversos tipos de fundaciones como las capellanías y los mayorazgos) a lo largo de la Colonia se produjeron alianzas (sociedades) entre particulares, españoles peninsulares y criollos, para llevar a cabo inversiones y emprendimientos, como la exploración en busca de minas de oro y más tardíamente para operaciones de comercio exterior.

El siglo XIX presenció el auge del pensamiento liberal y se produjo una desintegración paulatina de los bienes inmovilizados por la Iglesia y sus instituciones, lo que repercutió en la importancia de estas como agentes económicos. Ello también tuvo consecuencias en la propiedad de la tierra y en la legislación civil y comercial, que siguió al movimiento codificador iniciado en 1841 y se consagró en 1888, cuando entró a regir el Código Civil.





[1] Las lenguas indígenas en la Historia del Nuevo Reino de Granada. 1987 Bogotá.
[2] Los Domínicos y el Nuevo Mundo. Siglos XVIII y XIX. Actas del Congreso. Editorial San Esteban 1995. Editado por José Barrado Barquilla.
[3] El papel Económico de las cofradías En El crepúsculo de la colonia y El ascenso de las sociedades mercantiles. análisis de protocolos coloniales de san José (1837-1842)
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