19 de junio de 2013

(5) LAS COFRADÍAS, ORIGEN DE LAS ORGANIZACIONES MUTUALES EN COLOMBIA.

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Origen de las Asociaciones Mutuales en Colombia. Por FABIO ALBERTO CORTÉS GUAVITA.* 
 Cada semana un nuevo Capítulo de la historia del mutualismo en Colombia.
 Después de la introducción publicada en el capítulo anterior acerca del camino, del origen que han tenido las asociaciones mutuales en Colombia vale una digresión para ver algunas de esas organizaciones que precedieron a las mutuales actuales, desde la perspectiva de sus objetivos y funciones de ayuda mutua, de su mutualidad, independientemente de sus elementos doctrinales.

Veamos en principio que entendemos por Colonia a la extensión imperial, social, política, religiosa y cultural que se estableció en América durante los siglos XVII e inicios del siglo XIX. Es decir, entre 1550 y 1810 y que se han denominado “época colonial” debido a la presencia y al dominio político por parte de los españoles en lo que actualmente comprende el territorio de Colombia.

 En tales épocas y según el derecho canónico vigente, una cofradía era “Una reunión de determinado número de fieles para dedicarse en común al ejercicio de obras piadosas y de caridad... Las cofradías no pueden establecerse sin la competente autorización de los prelados en las diócesis en que están enclavadas.” 

Decretos del  Concilio de Trento (Reunido entre los  años 1545 y el 1563 fue realizado en un marco de divisiones. Siendo Paulo III, que había vivido las luchas en Italia, quien asumió el compromiso de unificar a los católicos, logrando la reunión de un Concilio, después de que varios Papas lo hubieran intentado sin éxito. (Al principio fue admirador del humanista cristiano Erasmo de Rotterdam, y vio factible una posible reconciliación con los protestantes, pero luego acabó desechando esa posibilidad), ordenaron que la elección de los dirigentes de la cofradía y la administración de sus finanzas debieran ser supervisadas por el párroco. [1]  “El establecimiento de las cofradías es un acto de jurisdicción episcopal, enteramente reservado al obispo, como el encargado del cuidado de las almas”. Por eso, los bienes de las cofradías aprobadas por el obispo se colocaban en la clase de bienes eclesiásticos y como tales inalienables sin las formalidades presuntos. [2]  

Lo anterior nos muestra de manera taxativa la influencia de la religión católica en estas organizaciones a nivel mundial, específicamente en el caso de Colombia los requisitos exigidos en los pueblos de indios para entrar a una cofradía eran así mismo diferentes, entre ellos se tienen:

- Ser devotos del patrono de la cofradía.
- Corregirse en la mala vida.
- Dejar los vicios de borracheras y las supersticiones de hayo y tabaco.
- Celebrar con solemnidad las fiestas del santo patrono.
- Hacer procesiones alrededor de la plaza.
- Visitar a los enfermos.
- Recoger limosnas.
- Asistir a misa domingos y días de fiesta y rezar el rosario todos los días.
- Encargarse del entierro de los hermanos cofrades, y
- Pagar las cuotas fijas asignadas. (Casilimas y López, 1982: 181).

Cada miembro de la cofradía recibía una patente, un impreso que haría constar su pertenencia a la cofradía y las obligaciones y derechos que contraía: generalmente una misa y sepultura gratis a su muerte y la concesión de  indulgencias. Es interesante ver como desde sus orígenes este tipo de entidades tenía como objetivo la preocupación por sepultar a sus muertos.

El procedimiento para la creación de cofradías era el siguiente: indígenas, mestizos,  blancos o el cura doctrinero tenían la iniciativa de crear la cofradía (siempre requería la aprobación del cura para su creación) con una devoción especial a santos o vírgenes, se hacía una donación de dinero o animales para vender y pagar las misas en honor al santo patrono de la organización.

Las mutuales del Siglo XX y principios del XXI, continúan con algunas prácticas similares en cuanto a poder recibir las contribuciones no devolutivas, (costumbre hecha ley) en especie y el de tener en su gran mayoría nombres de santos y dedicarse casi con exclusividad al entierro de sus asociados y de orientar un servicio exequial prioritario en sus estatutos.  

Retomando, siempre era el cura quien daba su permiso para la creación de una cofradía; por lo general no lo negaba, por cuanto la devoción le representaba ingresos por el pago de misas y la fiesta anual que comprendía vísperas, procesión, sermón, misa y responso cantado. Así se ve siempre que a más de la forma religiosa había una situación vinculante de carácter económico.

De otro lado se ayuda a la congregación de las gentes para su evangelización o por lo menos para su ritualización. Se procedía, entonces, a nombrar «mayordomo», que podía ser el mismo donante y un «concertado», para el cuidado de las ovejas. Esto era suficiente para constituirse en «devoción». Si con el paso del tiempo, la «devoción» iba en «adelantamiento", pasaba a ser «hermandad». Este se medía por el aumento de devotos; la obtención de la imagen, si era de bulto y grande, otorgaba más prestancia; cantidad de animales (ovejas, vacas, yeguas, etc.) y de ornamentos, especialmente alhajas que tuviese el santo; número de misas que se dijesen en su honor y vistosidad en la fiesta de aniversario.

Ahora bien, en el mundo existieron diversas formas de cofradía de acuerdo con su objetivo principal a más de lo anteriormente descrito como eje central, al decir de Pere Saborit Bandenes en su obra “Estudio de las cofradías del Alto Palancia”

GREMIALES que agrupaba a los integrantes de un gremio especifico y desarrollaban funciones debeneficio y asistencialismo entre integrantes de un mismo oficio. El santo e el patrón del gremio.
SACRAMENTALES. Cofradías de ayuda muta en la vida cristiana, muy promocionadas después del concilio de Trento.
CARITATIVAS. Los historiógrafos franceses las llaman charités. Su objetivo central es el auxilio mutuo entre cofrades y la dedicación a la caridad cristiana como la ayuda a los pobres vergonzantes, casar doncellas, auxilio en enfermedad sufragios y entierros, algunas regentaban hospitales.

Es definitivamente claro el origen de la mutualidad en organizaciones de la comunidad dedicadas a la caridad como norma y al entierro de sus semejantes como objetivo central, no en vano la primera mutual creada ya bajo los parámetros de la sociedad moderna con personería jurídica tomo el nombre de CARIDAD y no debe ser extraño entonces a ese arraigado sentido de caridad que por siglos han tenido las organizaciones mutuales en Colombia. Calificativos como caridad, ayuda mutua, beneficio, asistencialismo y otros no son ajenos desde su origen a las mutuales del mundo actual.

Obvio entenderlo en las épocas de colonia y siguientes pero absurdo desde la perspectiva del mundo de hoy en el cual es de una necesidad incuestionable la supervivencia. Hoy sed debe tener criterio empresarial y que la caridad bien pueda ser un primer momento de la solidaridad, de la ayuda mutua, pero solo eso, un primer instante en el cual se da la mano, la ayuda para iniciar un proceso, ya de capacitación, ya de emprendimiento y luego con carácter perentorio el desarrollo de organizaciones autosostenibles y autogestionadas.

No puede desconocer la historia el origen de esta entidades como el inicio de las formas organizacionales con las cuales  se da un primer paso a lo que ahora conocemos como Asociaciones Mutualistas.


Un gran número de cofradías se crearon en la Nueva Granada, como una táctica de los misioneros para el adoctrinamiento cristiano. Es por el año 1510 a 1520 que se crea la primera cofradía en tierra firme, en la primera ciudad Santa María la Antigua del Darien,en lo que hoy en día es el golfo del Darien del Departamento del Chocó. Según lo relata la obra editada por Humberto Triana en Bogotá 1987[1]
                                                                                                                 
Años más tarde, hacia 1530. Se funda en Santafé de Bogotá La segunda, la cofradía de la Vera-Cruz  que funcionaba en lo que hoy es el Parque Santander en Bogotá. Vale la pena comentar algo poco conocido, el primer nombre de la ciudad fue Nuestra Señora de la Esperanza, como originalmente la llamó Jiménez de Quesada, quien, -a pesar de ser letrado a diferencia de los demás conquistadores-, desconocía los procedimientos para la fundación de ciudades, por lo que en abril de 1539, se legalizó la fundación, con la ayuda de Federmán y Belalcazar, y se renombró al territorio como Santafé.

Durante la colonia sus habitantes la hicieron distinguir de las demás ciudades de igual nombre, llamándola Santafé de Bogotá, nombre que viene del chibcha Bacatá, que traduce fin de los campos, territorio muisca en el que gobernaba el Zipa. En esta delimitación estaba incluido nuestro actual territorio, en el que, en tiempos indígenas, habitaba un caserío conocido como Teusaquillo, donde se dice que se encuentra hoy la Plaza de Bolívar.

Santafé de Bogotá. Plaza Mayor, Colegio San Bartolomé
En los años siguientes
[2] se crearon 9 cofradías en Vélez entre otras Nuestra Señora de Monguí, (años más tarde una mutual de Bogotá tomaría ese nombre) Las Almas del Purgatorio y otras más de igual condición, tornando a Santafé de Bogotá se crean y se registran oficialmente otras nueva cofradías, destacando entre ellas la Vera-Cruz, nuestra Señora del Rosario, Santísimo Sacramento, Milicia Angélica, escuela de Cristo y otras más.

Resumiendo, de acuerdo con la obra de Oriester Abarca Hernández y Jorge Bartels Villanueva[3] Las cofradías cumplieron en la Colonia y hasta la primera mitad del siglo XIX un papel no sólo religioso sino también económico al poseer tierras y actuar como entidades financieras. Las personas ligadas a las operaciones económicas de las cofradías eran los miembros de la élite local, quienes formaban una red social.

Junto al capital manejado por la Iglesia y sus instituciones (cofradías, y diversos tipos de fundaciones como las capellanías y los mayorazgos) a lo largo de la Colonia se produjeron alianzas (sociedades) entre particulares, españoles peninsulares y criollos, para llevar a cabo inversiones y emprendimientos, como la exploración en busca de minas de oro y más tardíamente para operaciones de comercio exterior.

El siglo XIX presenció el auge del pensamiento liberal y se produjo una desintegración paulatina de los bienes inmovilizados por la Iglesia y sus instituciones, lo que repercutió en la importancia de estas como agentes económicos. Ello también tuvo consecuencias en la propiedad de la tierra y en la legislación civil y comercial, que siguió al movimiento codificador iniciado en 1841 y se consagró en 1888, cuando entró a regir el Código Civil.

Próxima entrega “SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS EN COLOMBIA”
** Presidente del Observatorio Latinoamericano SOLDEAMÉRICA
Presidente de la Confederación COLOMBIAMUTUAL
Gerente de la Asociación Mutual EMPRENDER
Director Académico de la Fundación Educativa FUNGESTAR
Director de la Revista Virtual SOLDEAMÉRICA
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