17 de septiembre de 2009

EL TIEMPO NO SE DETIENE

Autor Fabio Alberto Cortés Guavita
Bogotá, Colombia

Alonso era un niño precoz, de unos 9 añitos, que veía pasar el tiempo envuelto en sus juegos infantiles... un día escucho a su padre decir que cada segundo que pasaba era un paso que dábamos hacia la tumba, y que la vida se convertía entonces en un continuo caminar hacia la muerte.

Aquella noche, Alonso no durmió debía encontrar quien le ayudara a detener el tiempo de alguna manera y se propuso desde el día siguiente dedicar su tiempo a lograrlo. Era tal su insistencia que tenia a punto de enloquecer a sus padres y amigos de juego con la preguntadera de cómo hacer que el tiempo se detuviera para no envejecer y así no morir como decía su padre.

Una tarde al salir de la escuela y caminando por una calle de la ciudad de regreso a su casa se encontró con un abuelo que se dirigió a él como si le conociera de algo y le dijo saber dónde encontrar el Tiempo y pedirle que se detuviera. Entusiasmado Alonso, ni siquiera pensó porque el viejo sabía lo que él estaba indagando y le pidió al viejo que lo llevará a tal sitio inmediatamente.

Recorrieron calles y más calles, al caer la noche llegaron a una casona misteriosa llamada por sus vecinos la casa de las brujas, pues contaba el abuelo que en otras épocas allí habían matado a un hombre, unas brujas para quitarle la edad pues el hombre era más viejo que el tiempo mismo y éste se sentía celoso de su edad. La casona tenía dos plantas y un aspecto que impresionaba, las puertas de madera y unos ventanales donde alguna vez hubo vidrios, ahora tapados con plástico negro, el abandono total se destacaba en todos los puntos que se miraran.

El viejo empujó la perta grande principal y al entrar en la casona, las viejas bisagras gimieron como lamentándose, por la niñez que entraba por enésima vez al sitio, según comentaba en su relato el viejo, el cual había sacado una vieja pipa y escarbaba en ella para dar lumbre, lo que consiguió poco después, siendo la única luz que existía en la casona, ante lo cual Alonso empezaba a sentirse verdaderamente asustado.

El viejo daba unas bocanadas a su pipa y su rostro empezaba a tener aspectos fantasmagóricos. Alonso pudo ver como ante sus ojos el viejo rejuvenecía cada vez más, hasta quedar convertido en un niño igual a él. El asombro de Alonso no le permitía articular palabra sin embargo el anciano niño le dijo que no tuviera desconfianza ni temor alguno, pues eso era lo que estaba buscando.

- O no, le increpó.

Alonso dijo que si que él quería que el tiempo se detuviera y no diera más pasos hacia la tumba como había escuchado asegurar a su padre, ante lo cual el Tiempo, pues ese era nuestro amigo abuelo niño le dijo que sí, que él podía detenerse en su vida pero que no le garantizaba que ese fuera la solución a sus temores. Alonso no lo pensó dos veces y le pidió al Tiempo detenerse, a partir de ese momento no correría más el tiempo para él, sería eternamente niño, se quedaría en la etapa más feliz de la vida, aquella en la cual no existen preocupaciones, no hay que trabajar, menos aún pensar en conseguir dinero para nada, pues para eso están nuestros padres, y loco de contento corrió hacia la puerta de la vieja casona, sin embargo, el tiempo le llamó para hacerle algunas advertencias que Alonso no quiso escuchar.

El niño se dirigió a su casa y sin decir nada a nadie inició su vida de niñez eterna. Al principio todo era normal, continuó asistiendo a la escuela y jugando con sus amigos, pero el paso del tiempo dio inicio a la más grande de sus desgracias. Solo unos años habían transcurrido desde su pacto con el Tiempo cuando se entero que sus mejores amigos estaban en la universidad y desarrollaban cada uno su vida, había conseguido novia, se habían casado y tenían hogares felices, con hijos y nuevas emociones, mientras él solamente se dedicaba a jugar y a jugar sin pensar en la vejez, ni en los compromisos, menos aún en formar un hogar o en tener hijos.

Una mañana al despertar sintió ruidos extraños en su casa, como si alguien pretendiera entrar por una de las ventanas, al asomarse, Alonso vio al Tiempo entrando a su casa y se sobresaltó pensando que venia a reclamarle algo. El Tiempo pasa junto a Alonso sin detenerse ni reparar en el asustado niño, entra a la habitación en a cual dormía la madre del pequeño, la coge en brazos y se la lleva. Alonso sintió el más horrendo vacío y dolor al darse cuenta que su madre le había abandonado, ella había muerto y él ni siquiera había reparado en lo que a ella le ocurría, por estar pensando solo en jugar y en ser eternamente niño.

No acababa de pasar la pena de la desaparición de su madre cuando el Tiempo de nuevo regresaba a su casa y esta vez se llevaba a su padre y así uno a uno a todos sus familiares, a sus amigos y a sus vecinos. El implacable tiempo no se detenía para los demás y uno a uno se los fue llevando, solamente él, Alonso, continuaba eternamente niño sintiendo cada vez más angustia de ver lo que ocurría en su alrededor y los juegos comenzaron a convertirse en un verdadero dolor de cabeza.

De repente Alonso se sintió más solo que la soledad, no tenia familiares, ni amigos, nadie lo conocía todos eran extraños para él, sin embargo, nuevos niños llegaban a jugar a su casa y él no entendía porque algunos de ellos le decían tío, otros más tarde le dirían que era el tío abuelo más joven que tenían, y crecían y se iban, siempre el Tiempo llegaba por ellos, no alcanzaba a hacer amistad con alguien, a sentir de nuevo el cariño por alguien cuando el Tiempo despiadado venia por ellos y lo dejaban en la más abatida orfandad.

La desesperación de aquel niño infeliz le hacia clamar al tiempo para que viniera y se lo llevará también. El inhumano tiempo venía siempre sin verlo y se llevaba alguno de los seres con los cuales él tenía alguna relación de afecto, sufriendo cada vez la pena más horrenda ante la desaparición de quienes por una u otra causa estaban cerca de él.

Una noche en su desesperanza dirigió sus pasos en busca de la vieja casona de las brujas, en la cual hiciera el pacto con el tiempo. Más grande fue su sorpresa al verla allí en medio de una gran avenida y un barrio populoso alrededor de ella, ni sombra de los alrededores del viejo barrio, allí había toda una gran ciudad flamante llena de edificios y modernos espacios comerciales, y en el centro de tanta belleza la vieja casona como saca da de una película de horror con las viejas puertas de madera y los huecos de los vidrios tapados con plástico negro. Quienes pasaban frente a ella se santiguaban y agachaban la cabeza como temiendo algo al pasar por aquel sitio, apuraban el paso y no miraban hacia atrás. Difícilmente llegó Alonso hasta la puerta y escucho de nuevo, como si fuera ayer, pensó, el dolorido rechinar de la puerta al abrirse al empujar con su manecita de niño y su pensamiento de viejo triste y dolorido, su pequeño cuerpo apenas si podía con la carga de tantos muertos, familiares, amigos o apenas conocidos que había pasado con él, en su compañía casi sin saber quienes eran pero sintiendo con la muerte de cada uno de ellos la más amarga decepción.

Al entrar sintió el peso de todos los años que tenía, ni siquiera él mismo podía saber cuantos eran y buscó al viejo niño, al Tiempo, recorriendo todos los rincones de la vieja casona sin encontrarlo. Cuando presa de la zozobra pensó en salir de allí, lo vio de repente, tranquilo y escarbando en su vieja pipa, pero esta vez el fuego de aquella iluminó la estancia y el viejo preguntó secamente que quería, ante lo cual Alonso irrumpió en llanto sin poder pronunciar palabra alguna, el viejo le miraba con unos ojillos inquisidores diciéndole:

- ¿Acaso no eres feliz... no era eso lo que deseabas, detener tu tiempo y ser eternamente un niño para jugar y corretear sin preocupación alguna?

Alonso no paraba de llorar, ante lo cual el viejo tiempo, impasible y sereno le preguntó si quería volver a ser lo que era antes del pacto, un ser normal sin detener el tiempo y Alonso sintió una mezcla agridulce de temor y alegría, y por primera vez desde aquella noche, intuyó una felicidad extraña que inundaba su alma, con oleadas indescriptibles de una infinita paz.

Cuando estaba a punto de decir que sí, el viejo le dijo que lo pensara, que la primera vez no le había dejado hacer las advertencias de lo que le podía ocurrir, esta vez dijo el viejo:

- Tienes que ver lo que hubiera ocurrido si no te hubieras quedado eternamente niño, y después de ver tu vida posible, la que hubieras vivido sin tener pactos para detener el tiempo, solo así, tomarás una decisión.

Así sin más, Alonso comenzó a verse como en una película de blanco y negro, cómo crecía y terminaba sus estudios, el bachillerato con sus amigos, el desarrollo de una carrera de periodista famoso. En esas condiciones conocía a Mariace y se enamoraba perdidamente de ella, que mujer más hermosa con un hoyuelo pequeño en su nariz que la hacia ver realmente encantadora al sonreír. Allí estaba Alonso en el templo diciendo que sí que aceptaba ser su esposo y ella con esa mirada tan especial diciendo que también deseaba ser su esposa, que felicidad tan grande, que realización tan importante para él, el periodista que se casaba y conformaba un lindo hogar.

Al paso del tiempo tenían dos hermosos niños a quienes bautizó con los nombres de Artemisa y Apolo. En un abrir y cerrar de ojos vio reflejada toda la felicidad que le proporcionaba el sentir su vida perdida, el amor de sus padres, de sus hermanos, de sus hijos y de todos los que le rodeaban como un hombre exitoso, un profesional de gran éxito en los negocios y en la vida pública, un hombre querido por todos por su sensibilidad social, y entonces comprendió lo desgraciado que había sido por detener el tiempo y clamó al viejo para que le volviera a su estado normal y le permitiera vivir su vida plenamente, dando los pasos hacia la muerte poco a poco, pero bien vividos.

El viejo lo miró con verdadera lástima, por vez primera los ojillos dejaron la malicia para dirigirle un vistazo que evidenciaba toda la inquietud del mundo, escarbó en su vieja pipa, tomo una bocanada grande que inundo sus viejos pulmones y con una voz que reflejaba el cansancio milenario de su existencia le dijo mirándole a los ojos fijamente:

- ¡Ya es muy tarde jovencito!

Alonso sintió que su pequeño cuerpecito se estremecía de espanto, ¿cómo así? Acaso no podía volver a ser normal, acaso se perdería en la bruma de la nada todo su porvenir?

De sus pensamientos le saco el viejo al continuar su recitar:

- Aquella vez quise advertirte de los riesgos que corrías, de cómo deberías conducir tu tiempo y no me dejaste hablar, pues bien este es el pago a tu avaricia con el tiempo, el tiempo, recalcó el viejo, es lo único que tienen los seres humanos y sin embargo lo malgastan de la manera más infame, sabes cuanto tiempo dedican los humanos a ver televisión, a haraganear sin ton ni son, a incumplir las citas y los compromisos, a dejar plantados a los demás de manera irresponsable?

- Si, lo único con que cuentan es conmigo y no me saben utilizar -reflexionó el abuelo tristemente- tu ya sabes lo que es ser eterno, tu ya sabes lo que es querer cambiar la realidad, lo que es quebrar el curso de la sabia naturaleza, sin embargo de nada te sirve pues ya no hay solución, malgastaste no sólo tu vida sino la de tus dos generaciones siguientes siendo un niño eternamente, no permitiste el nacimiento de tus hijos ni de tus nietos por tu desmesurado afán egoísta de ser eterno.

Alonso no podía dar crédito a lo que escuchaba, de pronto se había iniciado una maduración en él que le permitía ver con claridad la situación y entendía perfectamente lo que el viejo decía entre bocanada y bocanada de su vieja pipa.

- El tiempo tuyo esta terminado, dijo el viejo intempestivamente, si te vuelvo a tu estado en el momento del pacto vas a sufrir lo indecible cuando sientas en carne propia el dolor por lo perdido, por lo dejado de hacer, por lo inútil de tu existencia, por la absurda idea de detener el tiempo. Y si te dejo dentro del pacto continuaras eternamente con tu sufrimiento de ver pasar y pasar el tiempo como hasta ahora sin hacer nada y sufriendo cada que, en cumplimiento de mi obligación, debo llevarme uno a uno tus ocasionales compañeros de existencia.

- Tu escoges, ahora si de manera conciente, sentencio el viejo.

Alonso sintió que por fin moría y no quiso saber como, el dilema era de una enormidad superior a sus escasas fuerzas, de pronto tomó una decisión; prefería acabar con todo, y ver, y sufrir toda la existencia en eternos instantes de dolor inmortal, si, de una buena ves morir y descansar en paz, no más niñez eterna, no más detener el tiempo, la decisión era implacable no importaba vivir toda su existencia en unos pocos minutos y se aprestó a envejecer y sufrir la amargura de su vida no realizada, la falta de un hogar, nada de sus posibles hijos, nada de su posible éxito en la vida todo a cambio de detener de una buena vez tanto sufrimiento.

- Estoy listo -dijo Alonso al viejo- no quiero más detener el tiempo.

El viejo sonrió esta vez con una infinita ternura y acaricio el rubio cabello del niño, volviéndolo a la realidad, a aquel que venía a suplicarle que detuviera el tiempo le dijo con vos entrecortada por la emoción:

- ¿Entiendes Alonso lo que hubiera ocurrido si te hago caso de detener el tiempo como me lo estabas pidiendo?, ya te has dado cuenta de lo que te hubiera pasada si te hago caso, ve hijo, ve a tu casa que tus padres deben estar preocupados pues hace casi 4 horas que estas aquí insistiendo en que te detenga el tiempo para ser un niño eternamente feliz, espero que la lección que has recibido te permita entender que el tiempo siempre tiene la razón y que nunca perdona.

Alonso regresó a su hogar sintiendo que la pesadilla vivida en la casa de las brujas le había mostrado de manera descarnada lo que sería una vida sin comprender lo que es el tiempo y cómo debemos manejarlo de manera productiva y respetando siempre el tiempo de los demás pues como dijo el abuelo:

- Lo único que tienen los seres humanos es una porción determinada de tiempo y no lo saben emplear.

Bogotá, Abril 21 de 2002

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