26 de diciembre de 2007

LO SOLIDARIO EN EL SIGLO XXI

Fabio Alberto Cortés Guavita
Presidente COLOMBIAMUTUAL
Gerente FUNGESTAR
Bogotá Colombia

Latinoamérica gira a la izquierda y hay sectores que no definen su posición en el nuevo contexto, entre ellos la economía popular y solidaria, para no hablar de la social pues como aseguran muchos autores es redundante hablar de economía social ya que todo modelo económico por su propia naturaleza es social, en cambio no toda economía es solidaria y menos aún popular.

Los giros se entienden entre socialdemocracia y socialismo del Siglo XXI como marco ideológico de los actuales gobiernos en la mayoría de países de nuestra Latinoamérica, con la excepción de Colombia, en tal marco de confusión hay quienes afirman que las dos tendencias son lo mismo, sin embargo en honor a la verdad es necesario distinguir las dos corrientes.

En primer término es necesario decir que la social democracia desde sus inicios y en sus diferencias con el propio Carlos Marx, ha asumido que la trasformación de la sociedad se puede y debe realizar de manera lenta y pausada sin entrar en controversia real con el estado y más bien dando pasos hacia el estado benefactor reivindicando la democracia representativa como su conquista central.

El socialismo del siglo XXI en otra dirección busca y conquista la democracia participativa, directa y con poder revolucionario, es decir, siendo protagonista de la historia y vanguardia de los cambios profundos, que no los paquidérmicos de la socialdemocracia.

La economía popular y solidaria debe aportar a ese cambio, obviamente coexisten las dos tendencias, y el propio neoliberalismo dentro del sector, el cual lo convierte en parasitario frente al papel protagónico que debe jugar. Doctrinariamente y desde sus albores se ha manifestado que lo solidario está de lado de la clase trabajadora y popular y creció al pie del capitalismo contagiándose de todos sus vicios. Hoy cuando se puede jugar un rol importante no encuentra una dirección, un norte concreto.

Ver lo solidario en torno al papel de los términos de democracia citados anteriormente -nos dirían desde la teoría- es la esencia de las organizaciones populares y solidarias que conjugan la democracia representativa con la participativa y porque no con la democracia directa en algunos casos. Claro, desde la teoría porque otra cosa es la realidad pragmática. Se juega con lo representativo cuando se manipulan los procesos electorales y se juega con lo participativo cuando se cierran las puertas a los asociados frente a sus derechos.

La socialdemocracia promueve un Estado solidario paliando la redistribución del ingreso y estimulando la creación de riqueza. El socialismo del siglo XXI va más allá cuando dice que no es suficiente la inclusión, que es menester tener en cuenta el empoderamiento de los más necesitados, de los millones de pobres marginados y excluidos de todos sus derechos por el estado neoliberal, empoderamiento que debe pasar o iniciarse en los pasos requeridos para la construcción de un Estado social de derecho con justicia social.

¿Qué hace, o mejor aún cuál es el deber ser, de nuestra economía popular y solidaria en este rol de la inclusión y el empoderamiento?

Empoderar a los desprotegidos, haciéndoles ver su real poder como seres humanos frente a sus derechos, y que mejor manera de hacerlo que a través de organizaciones populares y solidarias, mutuales y cooperativas, para lograr la verdadera inclusión, en el trabajo con ingreso digno, a una seguridad alimentaria igualitaria en la cual haya de un lado el beneficio del equilibrio en su forma de alimentarse y de otro poniendo en práctica la eliminación de los intermediarios ociosos en la comercialización de los productos del agro a la ciudad lo cual nos lleva al comercio justo, inclusión y derecho a un medio ambiente sano y protector, benéfico para la nuevas generaciones y como un verdadero hogar a heredar por quienes han de encontrar un mundo más vivible y solidario.
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