19 de junio de 2007

Historia del Mutualismo Colombiano (quinta parte)






¡LA HISTORIA NO DEBE REPETIRSE!
Fabio Alberto Cortès Guavita

1983 – 2003 veinte años y aún se espera el trabajo de quienes se hicieron elegir como líderes de un movimiento que ha superado con creces a su dirigencia, tiempo más que suficiente para demostrar la capacidad de aquellos que morirán en deuda con el sector solidario más antiguo de nuestra Colombia y con quienes pusieron las esperanzas en ellos (cientos de mutualistas) y en honor a la verdad merecían lo que les devino, pues no se trata solamente de elegir personan en cargos de dirección sino en realizar el Control Social sobre las tareas asignadas por un Congreso, es decir, si de un lado fallaron los dirigentes, de otro las bases nunca se preocuparon por ver, controlar, juzgar y condenar o absolver a quienes no cumplieron. En tales circunstancias quien les está juzgando y les condenará será la historia de un movimiento que merece una mejor destino y que no puede bajo ningún concepto desconocer esa historia para no tener que repetirla irremediablemente. Fabio Alberto Cortés Guavita.

Tareas centrales aprobadas por el segundo congreso mutualista en Colombia en el año 1983. Como venimos mencionando en el año 1983 se reunió en Colombia el segundo congreso de las mutuales y entre otras tomaron las siguiente decisiones:

1. Creación y sostenimiento de la semana del mutualismo y celebración del día nacional en conmemoración de la creación de la Sociedad de Caridad el 6 de julio de cada año.
2. Fortalecimiento de la federación de Bogotá y Cundinamarca.
3. Sostenimiento de la Fundación Educativa Mutualista. como centro educativo unificado e integral para apoyo del mutualismo.
4. Retomar lo aprobado en el primer Congreso y que no se había cumplido.
5. Retomar conjuntamente don el DANCOOP la comisión de mutualismo que debía separar y coadyuvar en la afirmación del mutualismo como entidad diferente a la cooperativa.
6. Fomento y creación de nuevas asociaciones mutualistas en todo el país.
7. Creación de un Plan de Desarrollo nacional del mutualismo.
8. Desarrollo de lo planteado en el Primer encuentro Mutualista Hospitalario.
9. Organización de un tercer Congreso que retomará la idea de crear una organización de tercer grado en el ámbito nacional.
10. Interlocutor ante el gobierno en busca de un real fomento por parte del estado para las organizaciones mutuales.

Esas y muchas otras fueron las ordenanzas que dio el II Congreso Mutualista y que nunca se desarrollaron, entre otras cosas por cuanto muchos de los que asistieron a Medellín fueron con la idea de hacerse elegir en el Comité sin tener representación alguna como fue el caso de Alfredo Robayo quien, al decir de dirigentes de la época con quienes se consultó, usurpó los derechos de los delegados de la Federación de Bogotá y que estaban en cabeza de Ramiro Torres, valieron más las maniobras de personas como Vicente Suescun y el propio Robayo para perpetuarse en los cargos y poder disfrutar lo que se ha conocido como el “turismo gremial” nada ajeno a los que lo promovieron desde la AMA, según el Editorial citado anteriormente del señor Luis Valladares de Mundo Solidario citado atrás, estos “dirigentes colombianos” hicieron parte de esa política y maneo irresponsable del mandato que les diera el congreso en 1983 y se hicieron parte de la AMA.

Otro hecho destacado por Pérez Valencia, en esta etapa, es la conformación de la Federación de Sociedades Mutuales de Antioquia en los años 1986 y 1987, la cual ha debido enfrentar los mismos problemas de las organizaciones de Bogotá y que el autor de Mutualismo y Economía Social afirma en su obra, en referencia a los motivos que no permitieron el funcionamiento de las comisiones de trabajo en el primer Congreso, menos aún el posterior desarrollo de lo ordenado por dicho evento:

“... fue su constitución con los presidentes y relatores de las ocho comisiones, pues esto no garantizaba su participación en el trabajo posterior al Congreso: además se propicio que explosionaran ciertas contradicciones personales que aún subsisten entre dirigentes, en detrimento del funcionamiento de la Comisión”(1)

La posición del entones Director del Departamento Administrativo Nacional de Cooperativas, DANCOOP (Hoy DANSOCIAL) la recogen Edilberto Romero y Pérez y lo citan textualmente en sus obras:

“Amistosamente quiero decirles que encuentro menos sentido a otros proyectos que pretenderían sacar a las sociedades mutuarias del campo que les es propio y las ubicarían en el de las cooperativas, por ejemplo; lo que, aunque pudiera llegar a ser legitimo, no deja de ser inconveniente porque les hace perder identidad. Por esto, discrepo de algunos planteamientos muy serios por otra parte, que querrían llevar a las sociedades (mutualistas) a pensar y a actuar como empresas...” y luego pasa a explicar que las mutuales deben funcionar con fines morales y no económicos (2).

Vale decir que este insigne señor Francisco de Paula Jaramillo es un eximio dirigente del cooperativismo, que bien podría estar interpretando el sentir de muchos de los dirigentes de la época en el sentido de “asignar” el desarrollo empresarial a las cooperativas y el asistencialismo a las mutuales.

Con amigos de esa calidad al mutualismo pocas esperanzas le podían quedar, se destinaba como por la divina providencia del gobierno de turno al mutualismo condenado a otros cien años de ostracismo desde su tarea meramente asistencialista, obviamente la dirigencia de la época en su ceguera empresarial aceptaron continuar con dicha labor, la cual aún hoy no ha terminado. En necesario afirmar aquí de manera tajante que no es que el asistencialismo no se requiera, lo que afirmo es que ese no es, ni será el rol del mutualismo, si bien es cierto que la caridad es el primer momento de la solidaridad, también es cierto que no se debe eternizar, apoye hoy, construya, enseñe y que después la solidaridad y la ayuda mutua sean contractuales yo te apoyo hoy tu me apoyas mañana.

Para finalizar con esta etapa del mutualismo colombiano se trae a colación el serio análisis de Pérez Valencia en su obra cuando se refiere a los elementos que según él, pesaron a la hora de construir un verdadero mutualismo en la década de los ochenta y los noventa:

“Ha pesado mucho en esta etapa, al momento de tomar decisiones, las costumbres y tradiciones ideológicas de los veteranos mutualistas; para ellos el cambio tiene que ser difícil por esas razones y razonamientos que han inculcado en los sectores populares de que el mundo no se le debe cambiar; pesas así mismo que en un esquema de liderazgo, tenazmente aferrado a “privilegios” personales, que busca quedarse en las esquinas de las comunidades, de su historia, sin atreverse a abrir los brazos para que ese liderazgo se transforme o se releve, abriendo el paso a nuevas respuestas para viejas preguntas, y a propuestas nuevas para nuevos tiempos y nuevos desafíos; así mismo de hace sentir el peso de estilos de fomento y crecimiento basados en esquemas personales y barriales, que si bien puede dar resultados en un momento dado, impiden la llegada del mutualismo como una opción con dimensiones estratégicas; pesa mucho la cultura de la insolidaridad, que propugna por el individualismo en la solución de los problemas; ha pesado mucho, ha pesado mucho, la falta de un sistema educativo que forme, capacite e informe acerca del proyecto histórico del mutualismo” (3)

Lo más grave de la situación es que estos elementos siguen latentes y haciendo el mismo daño, y no se hace referencia solamente a los elementos estructurales e ideológicos, sino también a los elementos personas que aún después de más de 20 años están al frente del Comité Nacional “designado” en 1983 y que se autodesignaron como voceros del mutualismo colombiano, cuando en la práctica y en el estilo, aún no han superado la etapa y los criterios planteados sabiamente por Gonzalo Pérez Valencia en el año de 1991. De 1983 al 2007 no han desarrollado uno solo de los objetivos y tareas trazadas en aquel congreso mutualista.

“Si no queremos pecar de obsoletos debemos tomar nuestros objetos (sic) y canalizarlos en forma tal que optimicemos nuestros resultados con el mínimo esfuerzo” lo anterior lo afirma Edilbeto Romero en un texto denominado Proceso Histórico del Mutualismo del año 1985. Al parecer tanto él como sus demás compañeros del llamado comité nacional hicieron todo lo contrario: no realizar el más mínimo esfuerzo para sacar avante los objetivos propuestos.

(1) PÉREZ, Obra citada a lo largo de esta parte de la historia. p.218
(2) PÉREZ IBID P. 220
(3) PEREZ, IBID P. 234
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